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Testimonio de un ciudadano no partidista: la tranquilidad que la campaña se llevó

March 30, 2012

Colaboración de Moisés Arias

El próximo 20 de mayo ejerceré mi derecho acudiendo a las urnas a votar. Pero no por ello me debo sentir bien o quedarme de brazos cruzados al ver como se vulneran libertades que se supone poseo. Lo digo precisamente por lo asfixiante que se vuelve cada dos años, para nuestra buena suerte cada cuatro de ahora en adelante, tener que presenciar la campaña electoral.

Me parece normal y hasta razonable, por la importancia de la misma, que ese se convierta en un tema de debate y que inevitablemente tenga gran presencia en los medios de comunicación masiva. De ahí que una gran cantidad de programas sean usados como plataforma para impulsar las candidaturas de uno y otro bando. Afortunadamente no estamos en la obligación ver o escuchar dichos programas, con cambiarle de estación o canal solucionamos el problema.

En el caso de la publicidad visual que está desplegada por todo el país, bueno, es inevitable ciertamente, y aunque no hay dudas de que en muchos de los casos son difíciles de ver esos inmensos carteles y los miles de pequeños afiches y banderas, también es cierto que resultan menos molestos a la hora de encontrarnos con ellos, por la fugacidad que les caracteriza al desplazarse uno por un sitio, estos quedan atrás con rapidez.

El gran problema que planteo radica principalmente, aunque las partes mencionadas en los párrafos anteriores también constituyen un problema para buena parte de la población, en todas esas actividades que despliegan en la geografía nacional los partidos mayoritarios, que piensan que agobiarnos con el ruido de sus consignas es la mejor forma para atraer adeptos.

Quedarse atascado en un enorme tapón creado gracias a que los partidos políticos hacen sus actividades en todas partes, sin reglamentación alguna, es de lo más odioso. Al dirigirse al trabajo, al centro de estudios o una diligencia cualquiera, nos vemos seriamente afectados por caravanas, marchas y calentamientos, que no aportan nada a la ciudadanía más allá del dinero que se les da a los participantes.

Soportarlos se hace dificilísimo, sobretodo en los últimos tres meses de campaña. En la ciudad de Santo Domingo están por todas partes y sus efectos se dejan sentir con el disgusto de cada uno de los ciudadanos que independientemente de su inclinación partidaria, ve su tiempo malgastarse por culpa de estos genios que llenan las calles abruptamente con sus benditas consignas, la insoportablemente ruidosas discolays que se pasean por acá y por allá con un mar de gente que impide el curso normal del transito. Peor es el caso de los que manejan sus vehículos que no sólo malgastan el tiempo sin querer, sino que también el combustible se esfuma en un taponcito de hora y media.

¿Por qué no destinar distintos estadios para sus actividades? Dejando así que las cosas fluyan con naturalidad. De esa forma se verían más organizados y comenzarían por tener una imagen distinta a las que ya no tienen acostumbrados. Allá en el Estadio Olímpico estarían todos bien ubicados, sólo aquellos partidarios, sin nadie que no quiera presenciar sus actos. Al parecer eso es mucho pedir.

Pero al menos deberían iniciar por bajarle el volumen a esos repetitivos discos que tanto cansan, ya que si se está pasando por un sitio no hay necesidad de que te escuchen mucho más lejos de ahí; retiren la basura que dejan esas marchas; eliminen todos esos afiches que pegan, una vez acabadas las elecciones; aíslen un poco sus actividades de una manera más estratégica, para evitar el caos.

Gracias al nuevo reglamento, en el 2016 tendremos elecciones congresionales y presidenciales, así no tendremos que vivir la misma pesadilla cada dos años, como hasta ahora. Aunque habrá que prepararse, porque en ese año nos van a reventar con tantas actividades.

Conjuntamente con la unificación del año, otro avance en cuanto a campañas ha sido la disminución de la violencia que todavía en los 90´s empañaba con sangre cada proceso. Eso habla bien de los partidos, pero mejor aún de la conciencia ciudadana que evita enfrascarse en problemas de esa índole, y que saben que en realidad los muertos de la campaña se olvidan al momento que se proclama un ganador. Ese fervor lunático es cosa de momento y bajo ninguna circunstancia debe afectar relaciones familiares ni de amistad, ya que en poco tiempo la campaña pasará y a lo mejor se habrá roto una relación de años.

 

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