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¿Por que a mí?

August 2, 2011

Diego Sosa

 

Consultor empresarial y motivador

 

 

Nos damos cuenta que la mala suerte nos llegó: estamos en el lugar inadecuado en el peor de los momentos; lo que queríamos no salió como pensábamos y comenzamos a perder toda esperanza… Somos víctimas y no hay salvación.

Si esto fuera real, la vida sería muy corta. Podemos ver un accidente que pasa delante de nosotros y nos salvamos por segundos. En otras ocasiones, pasa detrás de nosotros. Quizá tomamos otra ruta y el accidente no nos toca. ¿Tengo entonces buena suerte?

Si creemos en la “suerte”, entonces debemos ser muy felices; nos salvamos de más cosas malas que de las que nos vemos envueltos. Cada segundo pasa algo y nosotros seguimos intactos.

En el día a día vamos tomando decisiones y, al hacerlo, construimos lo que muchos llaman destino. Cuando analizamos alguna situación desafortunada, podemos entender que muchas de las variables son exógenas y no podemos controlarlas. Otras, son nuestras decisiones propias. Todos estos elementos en conjunto nos pueden llevar a un mal día.

La tristeza nos abarca cuando un día no sale a nuestra medida. ¿Qué podemos hacer? Yo diría que un análisis nos puede servir para saber si ese mal día se repetirá o si podemos influenciar para que no pase nuevamente.

La mayoría de las veces nos daremos cuenta que haciendo algo diferente el escenario hubiese sido otro. Sin embargo, después de saber el resultado, es muy fácil tomar decisiones pasadas. La realidad es que volveremos a tener días desafortunados, y participaremos en accidentes y situaciones que no son las que queremos. Podemos precaver muchas cosas, pero no todo.

Hay más días que salen como los planificamos o mejor de lo que esperábamos. Esos días deberían ser de emociones igual de intensas que los malos, pero de sentido contrario.

Cuando sabemos qué pasó, podemos estar conscientes de lo que podríamos cambiar en otra situación parecida. Podemos decidir actuar de otra manera… pero siempre en el futuro. Lamentarnos todo el tiempo por lo que ya no podemos cambiar, es sufrir.

Muchas veces no decidimos ver lo que nos está molestando y por eso quedamos molestos. La situación se repite y actuamos de la misma manera. La vida sigue y el destino se hace cargo de nuestra existencia.

Si algo no le gusta, decida cambiar, pero analice qué cambiará. No es modificar lo que hace sin identificar cuál es el problema y qué lo está provocando. Toda acción provocará una reacción.

Si todos los días inician con mal humor, ya sabe que puede cambiarlo, pero dependerá de lo que usted modifique en su vida. Si una relación no anda como quisiera, siéntese con la otra persona y encuentre lo que no está siendo del agrado, quizá la otra persona ni se ha enterado…

Cambiar conlleva una decisión, tomarla es su responsabilidad.

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