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El hombre y los sentimientos

July 19, 2011

Diego Sosa

La muerte de Facundo Cabral me lleva a pensar en lo difícil que es para la mayoría de los hombres expresar los sentimientos.  Él lo hacía… y de qué manera.  Los hombres somos moldeados para esconder lo que sentimos, desde el dolor hasta el amor.  Tenemos expresiones mecánicas para sentirnos entendidos por los demás hombres y acudimos al marketing para que el sexo complementario se sienta bien con nosotros y acepten nuestras propuestas.

Por millones de años el hombre que dejaba a su cuerpo o a sus ojos mostrar el miedo que recorría su interior era una presa fácil para los animales o sus enemigos.  Una mirada hostil y puños apretados intimidaban a cualquiera.  En la conquista no se podía ser sutil, las mujeres necesitaban un macho que trajera el sustento, que defendiera el nido de ataques y que le diera a los mejores herederos, o sea, los que fueran fuertes para darle continuidad a la raza.  Bajo esas condiciones un hombre que mostrara sentimientos era un seguro fracasado y de corta vida. 

Hasta hace menos de cincuenta años la situación apenas había variado.  Sólo a los artistas se les permitían expresiones fuera de las estipuladas para los hombres.  Pero llegó la revolución de la mujer… ella salió del nido y la era industrial cambió la forma de mantener una familia.  Ya no es con trabajo duro y presas que se cazan en la selva.  Ahora se gana dinero y la mujer es capaz de ganarlo.  El mantenimiento de la casa es asunto de dos… la evolución es rápida, es momento de adaptarnos.

Ahora la mujer ya no depende de un macho, ella quiere un hombre.  Pero las confusiones llegan por doquier y en la adaptación a la evolución podemos quedar atrapados en una nueva sociedad que nadie realmente quiere.  El macho quiere la mujer que atienda el nido y le prepare la comida como fue hasta la generación que nació antes de mediados del siglo XX.  Pero también quiere que lo comprenda en su rol de proveedor.  La mujer antigua ya casi no existe, por eso la vida en pareja de esos machos se extingue cuando la mujer comienza a ganarse el sustento.  Ella se da cuenta que el proveedor no es tan necesario como parece y las madres solteras se multiplican en las sociedades.

La mujer moderna procura un hombre evolucionado, él tiene que dar parte del sustento y a la vez pensar casi como mujer.  Buen conversador, con sentimientos a flor de piel, delicado e inteligente.  La mujer pone requerimientos de un hombre evolucionado, pero sentimentalmente muy parecido a una mujer.

¿Dónde está el equilibrio?  El hombre quiere que lo comprendan y la mujer también.  El hombre quiere a la mujer de antes y la mujer al hombre que no es el de antes.  ¿Llegaremos al punto de equilibrio?  En lo que recorremos el camino, yo diría que debemos dedicarnos a entendernos mejor y darnos a entender.

¿Qué tiene de malo sentir dolor?  Siempre nos han dicho que:  “Los hombres no lloran”.  Sencillamente para no escuchar los molestos gritos.  Los niños lloran para llamar la atención y que les busquen soluciones, no por el dolor recibido.  Los hombres lloramos más de rabia que de dolor.

¿Qué tiene de malo sentir amor?  Pero nos dicen:  “Esa mujer te va a dominar”.  Mostrar el amor sentido es tomado como una muestra de vulnerabilidad.

Mi propuesta es que seamos más sinceros en la expresión de nuestras necesidades y en el reconocimiento de la forma de ser de los demás.  Si elige una pareja sólo con el corazón, a la corta o a la larga terminará la época del marketing y la verdadera persona saldrá a flote, usted querrá que las cosas cambien y todo será tan difícil.  No esperen que los hombres pensemos y actuemos como mujeres, eso sería una catástrofe.  Por nuestro lado, los hombres no podemos esperar que la mujer piense toda la vida como cuando tiene veinte años, ella cambiará y modificará sus necesidades.  Mantener una familia en esta era es más que llevar el sustento:  Hoy tenemos que hablar; resolver problemas en conjunto; mostrar el amor que corre por nuestras venas… más que con regalos, con actos y comprensión; estar en el hogar; estar integralmente en el desarrollo de nuestro gran proyecto… nuestros hijos; y mucho más.

 

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