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De azul a morado

April 6, 2011

Colaboración de José Ramón Gómez Díaz

Me encontraba en mi oficina de mi empresa, donde desarrollo Consultoría y Estudios Medio Ambientales, cuando mi secretaria me informa que tengo una llamada desde el Palacio Nacional, a lo que respondo extrañado.
Al tomar el teléfono me dicen:
— Lic. Gómez Díaz?
–  Para servirle.
–Le habla el General Tiburcio, el Sr. Presidente desea hablarle.

Ahí sí que fue grande mi sorpresa cuando escucho la inconfundible voz de su Excelencia el Dr. Fernández.
-Licenciado, me place comunicarme con usted pues en el día de hoy voy a firmar un Pacto con uno de los líderes más importante de la oposición política de mi gobierno y hemos acordados que usted sea testigo presencial de tan importante y trascendental reunión.

-Excelencia, no se si realmente a la persona que quieren contactar es a mi, pues yo solo me dedico a los asuntos Medio Ambientales, quizás me estén confundiendo con el exitoso empresario televisivo cuyo nombre y el mío son muy parecido, el es Juan y yo José.

-No, no estamos confundiéndole, es a usted precisamente que estamos invitando a ser testigo de este acto, pues entendemos que viene a mejorar el Ambiente Político Nacional. El Coronel Zapata pasará por su oficina dentro de dos horas y lo traerá a Palacio. Gracias anticipadas.

-Si Excelencia.

Eran las 9:00 A.M.

Rápidamente me dirijo a mi residencia, me doy otro rápido baño, no me afeito pues hace más de 25 años que no lo hago, me visto con un traje negro, me pongo una camisa amarilla y mi señora elige para la ocasión una fina corbata azul.

No bien regreso a mi oficina cuando me informa Maritza, mi eficiente secretaria, que un militar espera por mi. Taconeando y haciéndome el saludo, como si estuviese delante de un General, el militar se me presenta.
–Respetuosamente Señor, Coronel Zapata, para trasladarlo al Palacio Nacional por instrucciones expresa del Excelentísimo Señor Presidente de la República Doctor Leonel Fernández Reyna.

Me abre la puerta trasera de una jeepeta negra franqueado por una Harley-Davidson de las de Franklin, abriendo camino cual si fuera un rodaje cinematográfico y en un dos por tres estábamos ingresando al parqueo del Palacio Nacional.

Un taconeo y un saludo militar.

–Respetuosamente Licenciado Gómez Díaz. Soy el General Tiburcio. Por favor sígame.

Me conduce al segundo piso del Palacio Nacional a un Salón Majestuoso cuyo nombre no preocupo averiguar pues todavía estoy convencido de que se trata de una equivocación, que a quien invitaron o debieron invitar es al empresario de la televisión.

Dos sillas presidenciales bien colocadas, y una más sencilla en frente de las mismas, copas de aguas, todo está preparado como si fuera para un debate televisivo. De repente un movimiento inusual, se abre la puerta principal del salón y entre su Excelencia el Presidente Doctor Leonel Fernández, acompañado, ¡vaya sorpresa para mí!, del Ingeniero Miguel Vargas, ambos impecablemente vestidos de negro, el primero sonriente y el segundo con un rostro “buldoril”.

-Licenciado Gómez Díaz, nos place que haya aceptado la invitación a ser testigo de un acto patriótico, que marcara el futuro de la política dominicana en los próximos años, y del cual solo usted será testigo para la historia.

-Muchas gracias Presidente por sus palabras y gracias Ingeniero Vargas por confiar en mí en un momento que a decir de su Excelencia es trascendental para el futuro del país, y que por la coincidencia de nuestras corbatas podríamos definir como el PACTO DE LAS CORBATAS AZULES.

-Se ve que Usted es un buen observador, en el caso nuestro no fue una mera coincidencia en el de usted si lo creemos. Por mi parte el nombre de PACTO DE LAS CORBATAS AZULES crea muy aceptada de su parte y creo expresar el sentir del Ingeniero

Este acierta con su cabeza sin decir palabra.

Mientras observo al Presidente y al Ingeniero Vargas, el primero habla de la constitución, de la Suprema, del Tribunal Electoral, del Tribunal de Garantía Constitucional, de la no aceptación del aborto terapéutico, etc. Etc. En cambio el segundo, el Ingeniero Vargas habla al mandatario sobre la segunda línea del metro, sobre el corredor Duarte y otras construcciones, de la prosperidad de su empresa, recuerda a Don Miguel Cocco con la compra del edificio que hoy aloja la Dirección de Aduanas, y le da un saludo especial de parte del Dr. “Bello” Rosa, defensor del Presidente y de Félix Bautista en el caso de la Sund Land.

-Bien procedamos a firmar el Pacto, dijo el Presidente.

Dorados y brillantes lapiceros se encontraban encima de ambas carpetas de piel negra. El protocolo de las firmas apenas dura uno o dos minutos. El Excelentísimo Presidente se levanta de su sillón presidencial, con el escudo de la patria en el espaldero, y se dirige al Ingeniero Vargas Maldonado, con una gran sonrisa en sus labios y en un tono de confianza dice:

-Miguel, a mi me gusta el poder. Gobernar. A ti te gustan los negocios. Construir. Después de éste Pacto, de LAS CORBATAS AZULES como ya ha sido bautizado por el Lic. Gómez Díaz, nuestro testigo único, yo seguiré en lo que me gusta: El Poder. Gobernar. Y tú seguirás en lo que te gusta: Los Negocios. Construir.

Se levanta el Ingeniero Miguel Vargas Maldonado y toma las palabras:

-Presidente, desde la Presidencia del PRD yo allanaré el camino, para que usted siga gobernando y yo siga construyendo.

Se confundieron en un fuerte abrazo y salieron por la misma puerta por la ingresaron al salón, ignorando mi presencia. Yo en cambio un poco turbado me quede solo por unos minutos hasta que un taconeo y un saludo militar por parte del Coronel Zapata quien se dirige a mí y me dice:

–Licenciado Gómez Díaz, le acompaño a su oficina o a su residencia?

-A mi residencia, le contesto.

Al salir del salón encuentro veo al Ingeniero Miguel Vargas Maldonado conversando con la prensa en un pasillo del Palacio Presidencial, y al verme se me acerca, la otrora COBARTA AZUL LA HABIA CAMBIADO POR UNA FINA Y ELEGANTE CORBATA MORADA, coloca su mano derecha sobre mi hombro derecho y me dice:
-Licenciado……………

La alarma de mi celular me había rebatado de los brazos de Morfeo siendo las 6:30 A.M. de aquel triste 14 de mayo del 2010.

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