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Pascua Judía: liberación… inicio de una nueva vida

March 22, 2011

Colaboración de Yvelise Mena

Pascua es una traducción del arameo phasha y del hebreo pesah, que significa “paso” o “tránsito”. Así se emplea en el evangelio de San Juan (13,1): “Habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre…” Naturalmente el “paso” pascual no es cambio de lugar, sino transformación de existencia.

El rito fundamental de la Pascua era la cena en familia o en fraternidad, a base de cordero (signo de la compasión de Dios), pan ázimo (miseria sufrida), hierbas amargas (esclavitud) y salsa roja (trabajos forzados en Egipto). Se conmemoraba la alegría por la libertad obtenida y la espera de la venida salvadora del Mesías. Los padres de familia iban al templo con su correspondiente cordero para ser degollado en la preparación por un sacerdote. Era noche de esperanza, la liberación definitiva que llevaría a cabo el Mesías.

Así que con el memorial de la pascua recordará la intervención redentora del Dios que ha salvado y reconstruido a su pueblo. Este hecho junto con el éxodo salvador, el retorno del exilio (Una vida marcada por el pecado), será descrito como una nueva pascua, una vida limpia, pura y segura. Una vida nueva.

Cuando reflexionamos el significado de la celebración pascual judía donde Dios salva y reconstruye a su pueblo, vemos claramente una anticipación de la figura del Salvador, del Mesías que viene a salvar a los hombres y a reconstruir el pueblo.    

Las situaciones enmarcadas en la vida de aquellos que sufren la marginación, el látigo de la ignorancia, el mal pago de sus servicios y situaciones difíciles en nuestra vida: debilidades personales, enfermedades, dolor, pérdida de un ser querido, dificultades en el trabajo o de dinero, problemas de los hijos o de los padres, calumnias, infamias, injusticias, drogas, etc

A veces la fe nos plantea dificultades nacidas de los problemas reales que nos suceden. La fe nos desafía tantas veces en las circunstancias difíciles de nuestras vidas, que podríamos sentir la tentación de renegar; sentiríamos la tentación de decirle a Jesús: si las cosas son así, yo dejos esto, estaba mejor antes.

A todos nosotros, a cada uno en momentos muy particulares, Jesús nos hace la pregunta ¿también tú quieres marcharte?, pero ¿cómo le responderías?… San Pedro dijo “¿y a quién iría? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.”

En algún momento de la vida has tenido que enfrentar esta pregunta que espera una respuesta, una decisión radical.  Pero el temor de dar una respuesta nos ahoga: decidirse por Dios libremente es aceptar su señorío, su bondad, sus planes, su proyecto sobre nosotros: es ser dócil a Dios, y buscar a Dios como El es y no hacernos un Dios a nuestra medida, creado por nuestra comodidad.

“La pascua no consiste en magia alguna. De la misma manera que el pueblo hebrero se encontró con el desierto, mas allá del Mar Rojo, así también la Iglesia, después de la Resurrección, se encuentra con los gozos y esperanzas, los dolores y angustias de la historia. Y, sin embargo, esta historia ha cambiado, ha sido marcada por una alianza nueva y eterna, está realmente abierta al futuro. Por eso, salvados en esperanza, proseguimos nuestra peregrinación llevando en el corazón el canto antiguo y siempre nuevo: “Cantaré al Señor, sublime es su victoria”. Mensaje Urbi Et Orbi de Su Santidad Benedicto XVI. Pascua 2010.

Recuerda que la cruz nos purifica y libera, pues es lo que más directamente se opone a la esclavitud del pecado. Pecar es buscar egoístamente nuestra propia felicidad rompiendo con Dios y con los hombres. Vivir la cruz como Jesús es, precisamente, todo lo contrario: buscar la fidelidad a Dios y al servicio a los hombres, incluso en la ausencia de la felicidad.

“En este día de tu triunfo sobre la muerte, que la humanidad encuentre en ti, Señor, la valentía de oponerse de manera solidaria a tantos males que nos afligen”. Mensaje de Juan Pablo II. Pascua 2004.

El fenecido santo Padre nos llama a vivir la alegría de la liberación desde el fondo de nuestro corazón con la plena seguridad de que toda prueba se transforma en gracia, toda tristeza en alegría, toda muerte en resurrección.

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